Aburrimiento, soledad, cansancio, preocupación, nerviosismo y una sensación de vacío se apodera del estómago. Parce que ni el más copioso de los banquetes pudiera saciar esa hambre. Le apetecen alimentos que sean “fáciles” de comer, que no tenga que cocinar o aquellos que lleva semanas prohibiéndose.Abre una caja de galletas, luego una bolsa de patatas, una, dos, tres, cuatro,… lonchas de jamón o de queso, pan,… Se va consolando y aunque le duela la barriga, puede que siga comiendo hasta sentirse culpable.
Sigue leyendo este interesante artículo de Luis Salar

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