Algunos alimentos, como el chocolate o los pasteles suelen asociarse a
un conflicto entre el placer y la culpabilidad, aunque paradójicamente un
cierto sentimiento de culpa puede aumentar el deleite por algo o por alguien.
En este sentido el marketing explota la emoción del consumidor atrayéndolo con eslóganes
estereotipados como “el fruto prohibido”
o “malo pero rico”, porque sabe que
cuando nos concedemos un capricho, los placeres dominan nuestra atención y las
justificaciones desaparecen de la mente. Sin ir más lejos, el concepto de “los
pecados de la carne” se convirtió en el
paradigma conforme al cual la comida y el sexo son, al mismo tiempo,
actividades placenteras y que pueden generar sentimientos de culpabilidad. En especial
la comida o sería más acertado decir, algunos alimentos, representan también el
autocontrol o la pérdida de control. Algunas personas que hoy han superado la
ansiedad por comer chocolate de forma compulsiva, cuando prueban una mínima
porción de chocolate reviven la sensación de estar comiéndolo a escondidas.
Créanme, es una realidad que yo también he experimentado.
Normalmente
no nos permitimos disfrutar de un placer especial o derrochar en algo caro
cuando no encontramos razones que lo justifiquen. En esencia se debe a que
pensamos que no disfrutaremos porque nos sentiremos culpables. En muchos de
estos casos somos poco indulgentes con nosotros mismos, o con los demás; la
comida conlleva consigo un significado y constituye una forma de comunicación
fundamental en la interacción de los individuos ya que se convierte en un foro
para las expresiones de amor y atención y para los conflictos entre salud y
placer.
No
hablamos de trastornos de la alimentación, no; por mucho que los sentimientos
de culpabilidad sea un síntoma del trastorno, ya que lo habitual es que el
adicto a la comida o la anoréxica, se sienten culpables cada vez que comen; y
en estos casos aplicamos los criterios de igual manera que lo haríamos frente
al alcoholismo, el tabaquismo o cualquier otra conducta dependiente. De lo que hablamos es de emociones y
sentimientos encontrados ante un alimento que nos produce placer pero nos
despierta son sensaciones incómodas después de ingerirlos.
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